NO QUEDA TIEMPO PARA PERDER EN FALACIAS

(19/08/2025- por Norberto Giallombardo) - Ya lanzada una nueva campaña política, esta vez por partida doble, dado la proximidad de las elecciones provinciales con las nacionales, resulta imprescindible recordar que no se trata de un nuevo punto de partida.


Es la primera etapa de un proceso que comenzó en 2023, por lo cual no es posible perder la oportunidad de afianzar el cambio de rumbo que la República exige. Serán necesarias más etapas, pero ni en éstas ni en las otras que puedan sucederle, queda tiempo para perder en falacias. No hay lugar para viejas ni nuevas artimañas que desvíen el camino correcto hacia la verdadera recuperación institucional.

En esta instancia solo renovamos parcialmente los cargos legislativos, o sea que cumplimos con lo que la Carta Magna indica. No debemos confundir renovaciones parciales con búsquedas de nuevos liderazgos o retornos que sirvan para la discordia.

Hasta 2027, un nuevo gobierno está a cargo del Estado, de las responsabilidades de llevar a la República hacia un futuro que sirva para todos los niveles socioeconómicos que la componen.                                                                                                               El reclamo mayoritario ya se dio, ahora la marcha hacia adelante nos impone actos de valentía para consolidar los límites infranqueables que marcan las leyes, manteniendo el convencimiento de que la Constitución Nacional está por encima de todo otro poder.                                                                                                                        Es la hora de abandonar para siempre aquellas intenciones de que el poder sería para los que alcanzaran la mayor cantidad de votos. Las bondades del sistema democrático no pueden ni deben ser tomados para lograr ventajas ajenas a la ética y al respeto mutuo. Quienes lleguen a cualquiera de los niveles de conducción (nacional, provincial o municipal) deben hacerlo convencidos de que solo acceden a una carga pública para ejercer una responsabilidad, no para disfrutar de un premio.

Tanto el actual oficialismo como quienes lo fueron anteriormente, deben mostrar, con inequívoca honestidad, que han entendido el mensaje de la sociedad; que está harta de corrupción, atropellos, clientelismos y privilegios mentirosos que sirvieron para enriquecimientos obscenos.

Desterrar la corrupción de la Administración Pública es la meta que no debe dar lugar a ninguna

 otra forma de estrategia política que pretenda ocultarla o sustituirla por otras mañas. Los derechos humanos son reglas de igualdad que deben regir sin desmedro de ninguna clase social.

 Renovemos autoridades todas las veces que las leyes lo demanden, pero no faltemos a los principios de sostener políticas de estado que trasciendan a los gobiernos, a los partidos políticos y/o a cualquier ideología.

Necesitamos un estado de derecho sano, donde prevalezcan los valores, la ética, la honestidad y la transparencia, donde la predisposición a la rendición de cuentas de los actos públicos, así como el sometimiento a los controles de las instituciones legales y el libre acceso a la información, sean deberes ineludibles e indiscutibles.